martes, 1 de agosto de 2017

Horrores peruanos. A propósito de Tenebra, muestra de cuentos peruanos de terror (Por Fernando Honorio Hernández UNFV-PUCP)


Había roto uno de los más grandes tabúes y no sintió culpabilidad, ni ansiedad, ni miedo, pero sí libertad.
Darío Argento. Tenebrae (1982)

Estas son las primeras palabras con la que se inicia Tenebrae, película de Darío Argento allá por 1982. Al parecer, Carlos Enrique Saldívar obedeció esta premisa y, despojado de toda atadura moral o políticamente correcta, en pos de la libertad máxima al momento de la escritura; seleccionó a dieciséis escritores tan insanos y retorcidos como él. El resultado de este cónclave oscuro es Tenebra. Muestra de cuentos peruanos de terror (2017), editado por Torre de Papel.
¿Literatura de terror en el Perú? Sí, existe y tiene larga data, pero muchas de las veces se le niega ya sea por ignorancia o por mezquindades dentro de la academia y de la sociedad. Si bien en estos últimos años es innegable la notoriedad e importancia de la literatura de corte fantástico, ciencia ficción y de terror, gracias al reciente interés de la crítica literaria; no siempre gozó de ese reconocimiento y se le etiquetó como literatura de segunda clase o escapista, como aquel relato que se agota en el mero entretenimiento irreflexivo o como textos que fomentan antivalores. Pero nada más alejado de la verdad. La literatura de terror también aborda, pero desde registros no miméticos, aquello que denominamos realidad.
¿Desde cuándo el terror es marginal? El crítico literario Elton Honores señala que la literatura peruana (y por extensión, la latinoamericana) fue encasillada en el Realismo. Teniendo en cuenta los complejos procesos socio-históricos de nuestro país se requería de una literatura de denuncia, política, que diera cuenta del contexto peruano y sus contradicciones. De este modo se instauró un centro y toda literatura ‘‘útil’’ debería apuntar al registro mimético verosímil para ser aceptada y registrada dentro del quehacer literario. El terror fue invisibilizado cual fantasma en un caserón:

Las narrativas de lo imposible serán siempre emergentes y a la vez invasora del campo cultural oficial caracterizado más por el autoritarismo y actitud monologante que convierte el realismo social en la única posibilidad estética con acción crítica hacia éste y otros mundos. En este modelo, la literatura seguirá siendo considerada como mero instrumento para validar los deseos (el deber ser de la literatura peruana), el qué escribir y el cómo. (Honores 2012: 10)[1]

Las producciones de terror estaban ahí, olvidadas en anaqueles y bibliotecas, cubiertas por el polvo del tiempo y la desidia académica por mucho tiempo. Afortunadamente, los críticos vieron que percibir a la literatura peruana como eminentemente realista traería graves consecuencias en su interpretación. Investigadores, críticos y teóricos como Harry Belevan, Susana Reisz, Elton Honores, Gonzalo Portals, Moisés Sánchez Franco, José Güich, José Donayre y Marcel Velásquez, solo por nombrar a algunos, junto a jóvenes críticos, están rescatando y revalorando la ficción fantástica y de terror peruanas.
La tradición del relato de terror en el Perú está en proceso. Pero podemos remontarnos a los relatos orales, donde los aparecidos, los espíritus de la naturaleza y entidades sobrenaturales recorren la palabra hablada de los mayores en las comunidades. Éstos sobrevivieron o se modificaron de acuerdo al nuevo contexto que supuso la ocupación hispánica en el territorio americano. Figuras relacionadas al mal como Satanás y sus demonios serán las imágenes que representen el mal y el pecado dentro de la ideología religiosa impuesta del cristianismo. Estas iconografías serán reproducidas en el imaginario peruano hasta la llegada del siglo XIX donde comienza a escribirse relatos bajo la influencia de Poe o de la ghost story. Escritores como Juana Manuela Gorriti y Ricardo Palma se inscriben dentro de esta primera etapa.
No será hasta el Modernismo donde el relato de terror adquirirá su forma clásica: el decadentismo, lo macabro, los tabúes sociales, los personajes atormentados, el espacio gótico, el erotismo marcado por la muerte, la femme fatale, entre otros. La influencia de Poe, Hoffmann y Maupassant será relevante en autores peruanos como José Antonio Román, Luis Enrique Moreno Thellesen y, por supuesto, Clemente Palma, quien marcará un hito en el cuento peruano con libros como Cuentos malévolos (1904) e Historietas malignas (1925), donde el mal es un hecho innegable y, a la vez, una manifestación alternativa de la belleza.
Otro hito de la literatura de terror peruana, ahora en el plano de la novela, es El castillo de los Bankheil de Alejandro de la Jara, publicada en 1944 en un número de la colección Narraciones terroríficas de Editorial Molino (Argentina). Con claros diálogos intertextuales con el Drácula de Bram Stoker, nos presenta la historia de una estirpe familiar maldita enmarcada en escenarios góticos e inquietantes.
Ya para los años 90, la influencia de Stephen King, Lovecraft, así como el cine y el metal estarán en las ficciones de terror de escritores como Lucio Colonna-Pretti con Los grillos (1992) y Carlos Carrillo con Para tenerlos bajo llave (1994). Las transgresiones a lo políticamente correcto son más explícitas y se recurre a temas y registros más impactantes como el gore, el erotismo enfermizo y lo satánico.
Para los años 2000 al presente, se pueden mencionar autores como Pablo Nicoli, Carlos Calderón Fajardo, María Consuelo Villarán, José Güich, Sandro Bossio, Rodolfo Ybarra, Fernando Iwasaki, Yeniva Fernández, Carlos Enrique Saldívar entre otros muy talentosos escritores jóvenes. Este auge del terror es también producto de la publicación de antologías y muestras. Sobresalen Antología del cuento fantástico peruano (1977) de Harry Belevan, Los que moran en las sobras. Asedios al vampiro en la narrativa peruana (2010) de Elton Honores y Gonzalo Portals. De este último autor tenemos En la curva del espasmo. El cuento peruano de dominio siniestro fraguado en el Perú (2009). De Carlos Saldívar anotamos Nido de cuervos: Cuentos peruanos de terror y suspenso (2011) y de José Donayre destacamos los libros Horrendos y Fascinantes. Antología de cuentos peruanos sobre monstruos (2013), Ultraviolentos: Antología del cuento sádico en el Perú (2015) y Trece veces Sarah (2017), conjunto de relatos sobre Sarah Hellen. No podemos dejar de mencionar el trabajo de Editorial Cthulhu de Marcia Morales Montesinos con las antologías Cuentos ocultistas (2016) y Cuentos bizarros. Antología de horror grotesco (2017), donde los antologados peruanos comparten espacio con otros latinoamericanos, evidenciando que el virus del terror está en expansión y se fortifica en nuestro territorio. En esta fiesta macabra del terror está presente  Tenebra. Muestra de cuentos peruanos de terror (2017), la nueva incursión de Carlos Enrique Saldívar.
Tenebra es una caja de Pandora de donde emergen espectros, monstruos más antiguos que el tiempo, seres perversos, dioses infames y lúbricos, esperanzas destrozadas, asesinos seriales entre otros habitantes perversos de invención (o quizá no tan invención) humana.
Dedicado al gótico por excelencia, el maestro Carlos Carlderón Fajardo; Tenebra comienza con una cita del clímax del ‘‘Los ojos de Lina’’ de Clemente Palma, anunciando al lector las atrocidades que tendrá el gusto de leer.  A continuación tenemos un breve prólogo del compilador quien repasa los avatares del relato del terror en el Perú, de este modo ubica al lector en coordenadas espacio-temporales precisas de los diversos momentos y autores del género. Continúa, ahora sí, los dieciséis relatos seleccionados. Paso a comentarlos brevemente. No se preocupen, no habrá spoilers.
Inicia la muestra Liliana Flores Vega, narradora y poeta reconocida en diversas antologías virtuales de terror y ciencia ficción. En su relato ‘‘La criatura de los humedales’’ se nos presenta el mundo antiguo de seres lovecraftianos ligado a saberes populares. La combinación horror/erotismo tiene un breve aire a las ficciones de Graham Masterton.
 ‘‘Amor filial’’, de Jim Rodríguez, recurre a uno de los símbolos malignos por antonomasia tanto de la literatura como del cine: el niño. Rodríguez juega, de forma siniestra, con los presupuestos de la niñez y los distorsiona. El resultado, un relato impactante y muy gráfico.
Carlos Carrillo nos trae su relato ‘‘La de la sonrisa idiota’’. Aquí nos introduce al mundo de las sectas prohibidas. Una madre que quiere controlar a su hija pero en el camino, entre el sueño y la vigilia, una deidad abominable hará su presencia. Carillo nos confirma, una vez más, que su pluma le fue dada por el mismo demonio.
‘‘Oxiuros’’ de Jorge Casilla Lozano nos sumerge en un amor insano, inverosímil y autodestructivo. Belleza y muerte se conjugan, al igual que en los cuentos de Palma. Aquí nos ponemos a pensar sobre el sentido de la maternidad.
El escritor arequipeño Sarko Medina nos presenta ‘‘El nacimiento de la maldad’’. Aquí el rencor, el odio y la venganza no son incontenibles ni para la muerte. El desquite será inevitable y de quien menos te lo esperar.
En ‘‘Disección’’ de Yelinna Pulliti Carrasco se toca el tema del desdoblamiento entre el cuerpo y el alma. Como el título sugiere, el cuerpo desmembrado será el eje del horror. El final hace recordar la crueldad y desesperanza de los cuentos de Villiers.
‘‘La bruja de Benfirld’’, del escritor y editor Edinson Mucha Soto, es el relato de una mente transtornada, ya sea por sus propios demonios o por algún ser abominable: la bruja. El autor actualiza la figura terrible del folclor popular para hablarnos sobre lo que está más allá de nuestra propia razón y nuestra terrible realidad.
‘‘Te espero’’ de Tadeo Palacios Valverde es una retorcida historia de amor escrita con un lirismo macabro salpicado de mucha sangre. El relato, en primera persona, muestra los presupuestos morales y las pasiones hiperbólicas y muy particulares del protagonista.
En el mes julio, no podía faltar un relato que tenga como escenario el circo. Carlos Trujillo muestra en ‘‘El circo de los horrores’’ cómo ese espacio, destinado al entretenimiento familiar e ‘‘inocente’’, se vuelve un lugar de pesadilla. Los aspectos más sórdidos del ser humano salen mientras se tiene una sinfonía sangrienta de fondo. Nuestro narrador no dudará en ser parte del espectáculo.
En ‘‘Pánico en Chiclayo’’ de Gonzalo del Rosario, el terror se presentará en forma colectiva. Algo está matando a la población, algo que se supone es vida, ahora es sinónimo de muerte. Un relato inquietante y no muy lejos de la realidad, quizá.
Marcia Morales Montesinos recurre a los relatos de aparecidos en las carreteras en su cuento ‘‘La chica de la encrucijada’’. Sin embargo, hay un cambio en la diégesis tradicional de ese tipo de relatos populares haciendo que el horror vaya desde lo fáctico a lo sobrenatural.
‘‘Reencuentro’’, de Julio Cevasco, es un relato de terror gótico. Dentro de una atmósfera tétrica, enmarcada por una noche tormentosa, se nos presenta a Lord Vásher, un aristócrata que enfrenta un amor que transgrede lo socialmente aceptable. El incesto y el pacto con el diablo están presentes en una nueva forma de trinidad abyecta.
Siguiendo con las rupturas de lo políticamente aceptable, ‘‘Solo quiero un pedazo de carne’’ de Lenin Solano Ambía, es un relato sobre zombis: un padre y su hija luchan por sobrevivir a un mundo plagado por estos seres antropófagos e inmundos. Todo cambia cuando uno de ellos llega a infectarse.
‘‘Bichos’’, de Glauconar Yue, mezcla elementos del relato policial con lo fantástico: un agente que persigue a un narcotraficante, será testigo, en carne propia, que las apariencias engañan, que a veces no somos más que un mero cascarón. El relato se puede leer como una metáfora sobre el poder y la identidad, sobre la deshumanización y la corrupción.
En ‘‘Ojo por ojo’’, de Jeremy Torres, se toca el tema actual de la violencia familiar. Ayudada por un ser infernal, Susana, la protagonista, tendrá la oportunidad de hacerle a su esposo lo mismo (o peor) que él hacía con ella. Uno de los relatos más crudos.
Cierra la muestra un relato del mismo compilador. ‘‘Simbología aberrante’’ de Carlos Enrique Saldívar, en un relato policial donde el protagonista, un detective, se enfrenta un caso que poco a poco ve apartándose toda lógica. La clave es un horóscopo que describe asesinatos los mismos que suceden uno a uno, al pie de la letra. Todos se han cumplido. Falta el último: piscis. Un relato que nos introduce a psicologías en estados extremos y a situaciones muy violentas.
Como vemos, Tenebra: Muestra de cuentos peruanos de terror nos muestra las diversas caras del horror y terror en una sociedad como la muestra. El registro fantástico sirve para explorar desde otra óptica aquello que es tangible tanto en nuestras casas como en las calles: la violencia per se, la maldad del hombre y sus creaciones, de su pretensioso deseo de dominarlo todo, de nuestros deseos más allá de la norma, de su cosificación y bestialización, en fin, de nuestra hipocresía como ser social. Grandes relatos que merecen ser leídos, disfrutados pero también reflexionados. Esperamos que Carlos Enrique Saldívar continúe deleitándonos con estas muestras que nos recuerdan que nuestra literatura es más que unos cuantos autores y de fórmulas escriturales repetitivas. A los autores: sigan enriqueciendo esta literatura nuestra por medio de estos bocadillos insanos pero deliciosos. Finalmente al público: Tenebra es un libro que los estremecerá y sorprenderá. Vengan a disfrutar de este exquisito horror, la mesa está servida.


[1] Honores, Elton. Narrativas del caos. Lima: Cuerpo de la metáfora, 2012.

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