lunes, 5 de junio de 2017

Un cuento mensual: España, cáliz eterno (Luis Bolaños)


He querido rendir un breve y tardío homenaje a tanto(a)s combatientes republicanos que siento fraterno(a)s y cercan(a)s, el pasado no puede cambiarse, pero podemos con nuestro género soñar por un momento con circunstancias distintas, motivo por el cual elegí una persona cuya vida me impresionó cuando la leí, lo demás fue fácil, aquí el resultado:

Me preguntas ¿qué propósito oculta esa mano momificada sobre mi ordenador? Te contaré un fragmento biográfico para explicarlo:
Cuando por fin quedo lista la Máquina Temporal que solo pudo usarse una vez, ya que las ecuaciones señalaban que la pérdida de algunos gramos en nuestra dimensión para la transición perfecta sería a cambio de algunos gramos de allá para que fuera armónica... y no fue así.
Recuerdo que me preguntaron, cómo su inventor, si en mis reflexiones había seleccionado qué momento de la historia quería visitar para torcer los acontecimientos y mejorar la vida terrible que llevábamos cargados con los errores cometidos y las vilezas practicadas a través de los siglos, con un planeta agonizante y hordas asesinas que recorrían cada paraje para sobrevivir aniquilando. Proferí en seguida: España 1936, y argumenté que si deteníamos a Franco las fuerzas del mal tendrían que poner sus barbas en remojo y el mundo florecería distinto; yo mismo viajaría porque mi condición física era cercana a lo inefable.
Y si me interrogaban sobre el instante preciso de la intervención, lo tenía también. Sería en el frente de Somosierra, cuando trascurrían los primeros días de la guerra civil; las tropas de Franco asediaban Madrid y ambos contendientes sabían que sería una batalla decisiva; miles de jóvenes españoles ponían sus existencias a disposición de la república, para defenderla y así salvaguardar al mundo de las vicisitudes que lo asolarían si el fascismo conseguía sus propósitos, mozos y mozas marchaban a las trincheras con la convicción de ser representantes de la propia humanidad, destinados a impedir el horrible plan de aniquilación y muerte que pretendían los golpistas y sus aliados nazis y fascistas.
Finalmente, la persona sobre la cual giraría el Pilar de Jonbur para evitar la hecatombe civilizatoria, prosperaría en el cuerpo de Rosario Sánchez Mora, la “Dinamitera”; el plan era simple: nos obligaba a impedir que lanzara la bomba de práctica que al estallar le arrancó la mano, o por lo menos que no le explotara al lanzarla, pero la correspondencia entre tiempo y materia implicada debería respetarse y conservar su paridad entrópica y poética, ya que tampoco podían perderse las estrofas de Miguel Hernández dedicadas a la guerrera en su poema, y por lo tanto ni la mano permanecer pegada en su antebrazo ni la creación poética escamoteada; en ese punto ingresaba yo, así que para intervenir y salvarla de la deflagración, la atacaba disfrazado de moro, ataviado con un uniforme de las tropas africanas y se la cortaba antes de ingresar al vórtice que me devolvería a mi época (eso si tras dejar representados en un trozo de carne extraída de nuestras cubas de proteìnas, los gramos correspondientes a su mano), y aunque nos salvamos y la situación ya no es tan grave como para extinguirnos, ocurrió un percance.
Rosario sin duda era valerosa y peleó duro, me costó cumplir con mi tarea pero lo que no podía imaginar era que faltaría peso (o sobraría qué más da, según el momento desde el cual se observara) para que funcionara el equilibrio entre las puertas temporales y que esos gramos que provocaron el desbarajuste me los cobrarían a mí: por ese motivo la mano está agarrotada, porque en su puño quedaron apretados mis testículos y, la Máquina Temporal no se pudo utilizar otra vez.

***
Luis Bolaños (Cartagena de Indias, 1950) Sociólogo pero no fanático dedicado a la educación ambiental y comunitaria, gestión  de riesgos, prevención de desastresy psicobiología. Amante de la CF, el terror y la fantasía docente universitario a ratos y a otros ejecutor de EIA, PAMA y similares. Me acompañan en la singladura de la vida Ana María, mi bella compañera y mis hermosos hijos Arcadio y Leonardo.

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