domingo, 13 de mayo de 2018

Un cuento mensual: Te amo mamá (por Jorge Ureta Sandoval)


Por supuesto, a mamá.

Despierta Jorge.  
—Ummm… 
Despierta Jorge.
Ummm, ¿qué es lo que pasa, César?
Mamá…
¿Mamá qué?
Ella está muerta…
Han pasado seis meses de tu partida y no puedo reponerme; lo he intentado de muchas maneras pero nada. El quitarse la vida, como sabes, ha rondado por mi mente, pero la cobardía, mi p… cobardía, disculpa la palabra, me ha impedido hacerlo.
Papá está muy triste, casi ni habla, parece que el viejo hubiera envejecido cinco años en estos meses: está delgado y ni siquiera toma. Mi tío Pepe intenta distraerlo, pero nada; estoy seguro que desea morirse, solo Yanirah y Jorgito pueden hacerlo sonreír a veces. César y Mary se intentan mostrar fuertes, pero no lo logran; he escuchado llorar al gordo en el baño, Mary ya está comiendo de nuevo... Yanirah pregunta cuándo vas a volver, nadie sabe qué responder.
Te amo mamá, te extrañamos en casa… extrañamos tus carajos, tus renegadas por ser descuidados; es increíble, pero la casa está más limpia de lo que pensabas que estaría sin ti. Extrañamos tu comida. Cada vez que estamos en la mesa, alguien te recuerda; la otra vez estaba haciendo cebiche e intenté cortarme el brazo, pero la cobardía o la valentía según el punto de vista, impidió que lo hiciera.
Ha llamado Fio a darme el pésame; ella tan linda ha dejado la molestia entre los dos para mostrarse solidaría. Dime, ¿te has encontrado con Ale, con el abuelo, con tus primos, con la abuela Victoria? Espero que hayas perdonado mis faltas. ¡Te amo mamá!
Sabes, decidí por fin irme del país; lo haré dentro de dos semanas… paradero, Argentina. Papá y todos están de acuerdo con mi partida, sé que tú no lo hubieras aprobado, pero aguantar los recuerdos de Laura, el abuelo Cheve y la abuela Victorias es nada a comparación del tuyo. Eres la mujer de mi vida y Lima, toda Lima, me recuerda a ti. Sé que no te gusta escucharme decir esto, pero tú me sacaste debajo de las llantas de ese carro plomo; y ahora que tú no estás, he vuelto ahí. Te amo mamá, espero que aguardes a mi regreso a ti…
Despierta Jorge.
¡Mamá! ¡Dónde está mamá!
En la cocina… oye, ya empezó la Champions.

***

Jorge Ureta Sandoval (Lima, 1986). Autor de La fuerza equivocada (2012, 2015), poemario que habla sobre la Franja de Gaza; el libro de narrativa Amores Tontos (2013, 2015, 2016, 2017); el libro de historias mitológicas Dioses (2015) y el libro Morir en el intento (2017). Se desempeña como editor de la editorial Zafiro. Es docente, corrector de estilo y periodista. Su próximo libro que publicará será su primera novela: La última cena de los muertos





sábado, 24 de marzo de 2018

Torre de Papel estuvo en la Feria Internacional del Libro de Ayacucho 2018


Por segundo año consecutivo, Torre de Papel Ediciones viajó hasta Huamanga para participar en la Feria Internacional del Libro de Ayacucho, que se desarrolló en la plaza mayor de la ciudad del 8 al 22 de marzo. En nuestro stand estuvieron a la venta nuestros libros hasta con 30% de descuento y estamos felices por la gran acogida que tuvieron en los aycuchanos. Uno de los libros más vendidos fue Torucha: relatos de mi tierra ayacuchana de Adolfo Carbajal Valdivia, que relata la historia del autor cuando era niño y vivía en Coracora.


Como en todas las ferias en las que participamos, la literatura peruana de terror también tuvo gran acogida, tanto así que se agotó el tiraje de la segunda edición de Hechos Desconocidos de Jim Rodrígez y se llevaron más de cincuenta Tenebra: muestra de cuentos peruanos de terror, compilación de Carlos Enrique Saldivar, libro cuyo tiraje también está por está por terminarse. 



La ciencia ficción peruana también estuvo presente y todos los lectores de la saga El Planeta Olvidado, escrita por Carlos Echevarría, editor general de la editorial, regresaron para llevarse la segunda parte y la precuela, ya que muchos se habían llevado la primera parte de la saga el año pasado.



También nos visitó el autor Carlos de la Torre Paredes, quien estuvo firmando en nuestro stand ejemplares de su libro Los viejos salvajes, la primera entrega de la saga Herederos del Cosmos, que relata la historia de un mercenario espacial que tiene que esconderse en un asteroide para escapar de unos piratas. Herederos del Cosmos El planeta olvidado son dos las sagas peruanas de ciencia ficción más vendedoras, sus primeras entregas han vendido cada una más de tres mil ejemplares en sus diferentes ediciones.
 

Los lectores de romance optaron por nuestro libro Amores Tontos del autor y editor Jorge Ureta Sandoval, que tiene trece historias de amores inusuales. Incluso muchos lectores se llevaron este libro a pesar de haber leído las ediciones previas, ya que la cuarta edición -publicada por Torre de Papel- incluye cuatro relatos nuevos y cinco prólogos donde se hacen reflexiones sobre el amor.




Muchas gracias a todos los que nos visitaron en Huamanga y se llevaron nuestros libros. Prometemos que el próximo años traeremos muchas más novedades. 






domingo, 18 de febrero de 2018

Un cuento mensual: Abnegación (por Tania Huerta)


La luz tenue del bar titilaba sobre su cabello rojo mientras el sonido de las copas, botellas y conversaciones incoherentes se escuchaban como un sueño torpe.

Ella cruzó las piernas acomodándose en un alto banquito junto a la barra y su falda se levantó hasta que casi se pudo ver la unión de sus muslos con  el nacimiento de sus redondas nalgas.

Cogió una copa con un verde licor y la llevó a sus labios. Una gota cayó en el nacimiento de sus senos y corrió por el camino que se formaba entre ellos. Miró a la gota fastidiada, siempre le pasaba, era el castigo por tener esos pechos tan grandes. Con un dedo la recogió y se la llevó a la boca sacando su suave lengua para saborearla.

No era consciente del espectáculo que realizaba para quien la mirara. O tal vez sí.

Debía llegar con comida para los niños, dependían de ella y no había sacrificio imposible para ayudarlos.

Se dispuso a buscar a algún incauto y, ya envalentonada por el alcohol y aquellos cigarros que daban tanta risa, caminó por aquel lugar lleno de mesas marchitas.  Su vestido de seda verde se pegaba a su cuerpo que se contoneaba con cada paso y su cabello rozaba su cintura como los dedos de un amante lascivo.

Delante de ella, distinguió unos ojos ladinos que la admiraban. No dudó en acercarse, se sentó al lado de ese hombre y, sin quitarle la mirada, sacó un cigarrillo y lo posó sobre sus labios pintados del más profundo rojo. Esperó.

Su invitación fue aceptada y el hombre encendió el pitillo. Una bocanada de humo salió de su boca entreabierta y cubrió su rostro de sílfide.

Las copas fueron y vinieron sin que se dieran cuenta de los vuelos que el minutero daba alrededor de los dos.

Ella, acostumbrada cada noche a beber para olvidar el cómo y solo recordar el porqué de lo que hacía, aguantaba los toqueteos perversos, los besos babosos, las palabras ofensivas de aquel hombre que, atraído por su moral inexistente, se acercaba para satisfacer sus deseos más bajos.

Ya entrada la madrugada se dispusieron a salir para dar rienda suelta a la negociación carnal. Él quiso entrar a un motelito de mala muerte, de esos en los que el baño es compartido por mil almas tal vez más perdidas que la de ella misma; sin embargo, no lo dejó. Tenía un lugar propio donde, hasta lo que era posible, se sentía más cómoda desarrollando su labor.

Al fin llegaron. Los niños dormían, todo era por ellos, para que  aquellas bocas comieran y no lloraran de hambre como ya lo habían hecho anteriormente. Ella no soportaba la idea de verlos de nuevo en la calle, muertos de frío y con ansias de llevarse algo a la boca. 

Entraron por la cocina al pequeño cuarto acondicionado para estos menesteres. Una desvencijada  cama de vieja madera los aguardaba.

Él entró y se dejó caer pesadamente sobre un colchón que apenas lo sostuvo, luego jaló la pequeña mano de ella e hizo que su acompañante cayera torpemente sobre su rechoncho cuerpo. Sus manos sedientas de sexo la tocaron lascivas por cada parte que encontraron. Ella, asqueada, fingía unos gemidos que lo llevarían al éxtasis y, por ende, a perder la conciencia de la realidad.

Sólo era cuestión de aguardar. De esperar y aguantar un poco, un poquito más…sus besos inmundos, su lengua repulsiva, sus manos obscenas hurgaban cada deseada parte de ella. 

La enajenación llegaba al fin, la agitación del cuerpo porcino de aquel hombre, sus jadeos animales, y, la saliva que caía de su boca y que ella esquivaba como podía, lo delataban y presagiaban que él estaba a punto de consumar el acto.

Todos esos movimientos salvajes la llenaron de la furia que necesitaba. Metió la mano bajo la cama y sus dedos tantearon el suelo hasta encontrar el mango del arma. Sintió la madera suave abrazada por su mano, aquella madera salvadora y liberadora.  La empuñó con toda la fuerza contenida en su aún joven cuerpo, con todo el odio almacenado en años de impotencia y asco.

El fierro del fuerte martillo le reventó la cabeza y la abrió.  Los sesos salieron y se deslizaron por lo que alguna vez fue su frente, cayeron sobre los ojos y llenaron  la cuenca vacía de uno de ellos, mientras el globo ocular rebotaba en su rostro por el impacto.

El hombre aún no había muerto. Ella siempre cuidaba que sus víctimas no muriesen al instante, solo deseaba que estuvieran a su merced, sin poder defenderse para gozar al ver su agonía, ese medio camino entre la vida y la muerte que se iba colando por cada seso y hueso caído entre pequeños ríos de sangre, espesa y roja, que se mezclaban con la saliva y el humor acuoso del ojo reventado.

Disfrutaba de aquel vaivén del cuerpo vacilante y sangrante, atrapado en la decisión de morir de una vez.   El ojo colgando le daba un aire ridículo,  parecía un adorno navideño suspendido de la rama de un pérfido arbolito.  El tipo intentó pararse de la cama y cayó de rodillas mientras los sesos caían entre sus dedos regordetes. La miraba con el único ojo y levantó una mano tocándose la cabeza abierta. Sus dedos entraron hasta el cerebro palpitante y un sonido animal salió de su deforme boca. Era un quejido escalofriante que helaría la sangre hasta al ser más vil.

Se acercó a él blandiendo el martillo, lo levantó reflejando en su mirada su sádico placer. El infeliz trató de cubrir su rostro para impedir lo inevitable. El martillo se hundió en el otro ojo, cegándolo, y luego cayó una y otra vez mientras la sangre caliente salpicaba al piso y paredes creando obras de arte entrañables.

El hombre babeaba ya desfalleciente, su cuerpo temblaba en espasmos que sacudían sus miembros inertes. Ella lo tomó de uno de los brazos y con gran esfuerzo lo arrastró hacia la cocina. Era más la excitación y el deber que su propia debilidad. Movía la cabeza tratando de mirar a través de las cuencas sangrantes.

Ahí estaba la moledora brillante, siempre limpia. Reflejaba cómo ella iba acercándose con la carne del día. Era la herencia de su madre que le había dado el mismo uso.

Como pudo sentó al hombre en la silla más cercana de la pequeña mesita, jaló el mismo brazo y con cuidado de cirujano metió los gordos dedos en la boca de la antigua moledora de carne que, afilada, esperaba su alimento.

Dio vueltas a la manija que movía las cuchillas, que cortaban y molían la carne que se les ofrecía. Estimulada por los quejidos sordos del hombre, que le demostraban que aún sentía un ápice de dolor,  hacía esfuerzos por darle vueltas a la manija para lograr moler músculo y cartílago.

Por el otro extremo, pequeños gusanos rojos y jugosos salían en un pequeño y primoroso plato decorado con diminutos gatitos rosa. Lo iban llenando hasta que se rebalsaba sobre la mesa. Había que sacar las uñas que habían quedado enteras. Los dedos fueron fáciles, los brazos se mezclaron entre el rojo del músculo y el blanco del cartílago formando gusanitos bicolor.

Ella se preguntaba hasta dónde tendría que moler de él para que finalmente muriera. Faltaba poco y sus quejidos se iban apagando. Al llegar al codo, tomó el machete y cortó el brazo. El codo no se podía moler. Tendría que cortar el cuerpo en trozos.

Ese gordo le serviría para algunas semanas.

Los niños despertaron por el ruido y el olorcito de la sangre fresca. Se acercaron asomando sus caritas curiosas y sus grandes ojos brillaron al contemplar sus platitos llenos de fresca carne.

—A comer mis niños —avisó la hermosa pelirroja con el vestido de seda verde pegado a su cuerpo, no solo por su voluptuosidad, sino por la sangre y el sudor impregnados. Se agachó y dejó los platitos sanguinolentos en el piso de la cocina como la más afectuosa madre.

Los niños se acercaron presurosos, humedeciendo sus boquitas en la carne recién molida y agradeciendo a quien la traía para ellos con los más amorosos maullidos. 

***

Tania Huerta. Su cuento «GatoGallo» fue publicado en la Revista Virtual de El Círculo de Lovecraft (2017), también publicó el cuento «El Pelado Jairo» en la antología Horror Queer de Editorial Cthulhu (2018). Su cuento «Orgasmo» y su poema «Snuff» fueron incluidos en la antología virtual San Valentin Oscuro (2018). Es dueña del Blog Pies Fríos en la Espalda (www.piesfriosenlaespalda.blogspot.pe)

lunes, 4 de diciembre de 2017

Un cuento mensual: Mi nombre es (por Yelinna Pulliti)



I

Lima 2007

Mis compañeros ya sabían leer las señales, tan poco claras para el ojo no entrenado. Voy a morir de un momento a otro y ellos lo percibieron. En silencio, se alejaron.
Entre los seres abandonados de la calle es casi una norma dejar al moribundo en soledad. Es nuestra manera de evitar problemas con la policía.

Quedé solo en el mundo después que mis padres murieron. Sin hogar, amigos ni familia, me uní a los habitantes de la calle y me dejé arrastrar por sus costumbres malsanas. Luego de unos pocos meses, y tras una letal mezcla de drogas, yazgo abandonado en una sucia callejuela oscura, esperando morir.

Lo que más me aterra no es la muerte en sí, si no el saber que después nadie me recordará. Mis compañeros de miseria apenas pueden pensar, y el que uno de ellos muera hoy o mañana es algo que sucede con cierta frecuencia. Entre vagabundos no es costumbre recordar a los difuntos.

Voy perdiendo el conocimiento, intento no pensar en que pasé por este mundo sin dejarme sentir, sin haber dejado ni la más mínima marca, ni la menor huella de que alguna vez existí.

Poco a poco, me hundo en el silencio.

II

Al realizar mis tareas limpiando pasillos y baños, suelo tener oportunidad de observar y conocer otros lugares de la facultad menos concurridos, como los laboratorios, el crematorio o los salones de clase.
Esta vez la curiosidad me lleva hasta el salón de anatomía, vacío a estas horas de la tarde. En este lugar, los cadáveres son depositados sobre mesas de metal y cubiertos con sábanas amarillas. No sé con certeza cómo los traen desde la morgue, pero he oído historias de que bastan unos pocos días sin que nadie los reclame para que acaben en la facultad de medicina de cualquier universidad.

Apenas entro, hallo un cuerpo que no está tapado, así que me lo encuentro desnudo, con el cráneo aserrado y sin cerebro. Lo que más me llama la atención de él es su juventud y su buen aspecto. Se le ve sano, si se ignora el hecho que ya tiene las costillas cortadas y que alguien ha dejado unas pinzas de cirujano en su interior, junto a lo que pudo ser el bazo y la vesícula.

Casi adolescente, tiene un tatuaje en el antebrazo derecho. Observo su rostro con detenimiento. Sus dientes están amarillentos, posiblemente debido al formaldehido. Si se mira sólo su rostro, desde las cejas hasta el cuello, podría creer que duerme.
Un profesor me comentó en la mañana que los cadáveres que tengo frente a mí fueron traídos ayer. En otras palabras, es muy probable que apenas una semana antes, este muchacho estuvo vivo y respirando.

Sus ojos están entreabiertos y los contemplo buen rato. No tienen ni vida ni brillo. Es como mirar dos canicas sin lustre. Ahí ya no queda nada.

III

Estoy muerto pero aún no he partido. Ella me observa, me estudia. Ya es mayor, viste una bata azul y usa anteojos. Casi puedo leer su mente. Está enojada conmigo. Se pregunta qué fue lo que hice mal para terminar en el salón de anatomía de su facultad de medicina.

IV

—Grandísimo idiota —le digo en mi mente— ¿qué fue lo que te ocurrió, en qué te equivocaste tanto para terminar aquí, siendo más joven que yo, sin cerebro ni órganos, frío y muerto, sobre esta camilla de metal?
¿Quién te hizo esto?

V

No quiero pasar por este mundo sin haber dejado pruebas de mi existencia. No quiero ser una nada que vuelve a la Nada. Quiero que alguien me recuerde, que alguien sepa que estuve vivo, respiré, soñé y sentí, como cualquier ser humano.

VI

Me paseo entre los demás cadáveres, me detengo a mirar los recipientes donde los estudiantes han colocado los cerebros. Me pregunto cuál sería el suyo.

VII

Ella se acerca nuevamente. Me pone más atención de la que nunca nadie me puso cuando estuve con vida.
De alguna forma sé que mi espíritu no permanecerá mucho más tiempo en el mundo de los vivos. El hilo que me une a mi cuerpo se va deshaciendo en fragmentos de inexistencia.
Mi última compañía es la mujer de bata azul que me observa compasivamente.
Quisiera poder comunicarme con ella, decirle que aún estoy aquí, presente, y rogarle que no olvide al pobre muerto con el que se encontró un día, en un solitario salón de clase.
Mas ella no me ve, sus sentidos no pueden acceder al plano de realidad en el que me encuentro.

Entonces, desesperado, tiendo mis manos inmateriales y tomo entre ellas su mente, hundo mis dedos en sus pensamientos, clavo mis uñas sin materia en lo más profundo de su inconciente.
Voy deslizándome hacia donde deben ir las almas de los difuntos. Lentamente, me alejo de este mundo. Lo último que alcanzo a ver son las marcas que he dejado en su espíritu.

Tú no vas a olvidarme ¿verdad?
Mi nombre es…

VIII

Lo llamé Ronnie.
Le puse un nombre y en algún momento hasta he conversado con él en mi imaginación. Con un nombre es más fácil ponerle un poco de sentido a todo esto.
Aún no puedo olvidar esa tarde cuando lo encontré en el salón de anatomía, todavía me pregunto qué fue lo que le ocurrió para que muriera tan joven y tan aparentemente saludable.
¿Dónde estuviste antes de que encontrara tu cadáver? ¿Quiénes fueron tu familia, dónde estuvo tu casa, y tus amigos?

Después de aquel día vi muchos otros cadáveres, enteros o en pedazos. Vi cuando los encargados del salón de anatomía los cortaban con serruchos, o en plena clase, cuando les sacaban la piel. Vi esqueletos, cráneos, órganos, e incluso las dos tinas de metal, llenas de formaldehído, donde colocan a los muertos que llegan de la morgue.


Pero a pesar de todo ello, ninguno de los otros ha dejado tal huella en mis recuerdos. Han pasado ya diez años y, de vez en cuando, Ronnie vuelve a mis pensamientos, como si fuera un viejo amigo, o mejor dicho, como algo que existe en un rincón inamovible de mi memoria.

Lima 2017

viernes, 1 de diciembre de 2017

Torucha ya se encuentra en librerías y amazon


Torucha: relatos de mi tierra ayacuchana, es la última publicación de Adolfo Carbajal Valdivia, quien es conocido por sus publicaciones tanto en quechua como en español. Ha publicado los libros Chillikucha (2007), Tiyuy Baudi (2007) y, en razón a su formación militar, pues es General de Brigada del Ejército del Perú, es coautor del libro Visión Conjunta de las Fuerzas Armadas Latinoamericanas», el mismo que ha sido premiado con el Primer Puesto en la categoría "libros" por el Centro de Altos Estudios Nacionales en el 2007.

Torucha es una colección de relatos que narran las vivencias de Adolfo Carbajal, cuando era niño y se mudaba al fundo Occoruro, en Coracora-Ayacucho. El antagonista en estos relatos es Torucha, un niño mayor quien aparece junto a sus amigos para hacerle la vida imposible. Es en el momento que Adolfo pierde su honda en una apuesta, cuando traza un plan para recuperar sus juguetes y su orgullo que había sido lastimado.

El libro en versión digital  puede ser comprado en amazon en el siguiente enlace: https://goo.gl/LhBW4c. También se puede adquirir en librerías de Lima a S/. 20.00:


jueves, 30 de noviembre de 2017

Torucha: relatos de mi tierra ayacuchana

Autor: Adolfo Carbajal Valdivia
Género: Relato
Edición en papel
País: Perú
Año: 2017
Páginas: 176
ISBN: 978-612-47058-9-2
Precio S/ 20
Lugares de venta: ver mapa

Torucha, es una colección de relatos que narran las vivencias de Adolfo Carbajal, cuando siendo niño se mudaba al fundo Occoruro, en Coracora-Ayacucho. El antagonista en estos relatos es Torucha, un niño mayor quien aparece junto a sus amigos para hacerle la vida imposible. Ellos lo retan sucesiva y reiteradamente para apostar en diferentes juegos, como calancha, bolero, tiro al blanco, caucas; logrando engañarlo y con el único objetivo de arrebatarle cada uno de sus juguetes; sin embargo, es en el momento que Adolfo pierde su honda cuando trata de revertir la situación y en ese cometido traza un plan para recuperar sus juguetes y con ellos el orgullo que había sido lastimado.

Adolfo Carbajal Valdivia, nos presenta en estas historias, los usos y costumbres, las creencias y personajes de su tierra, resaltando valores como la amistad, el honor y la superación. El autor nos describe con maestría el paisaje y la fauna que habita en el fundo y naturalmente en toda la provincia, por ello, desde el principio del libro, logra trasladarnos a Occoruro y trasmitirnos la magia que esa tierra encierra.

Amores tontos

Autor: Jorge Ureta Sandoval
Género: Romance
Edición en papel
País: Perú
Año: 2017
Páginas: 148
ISBN: 978-612-47058-8-5
Precio S/ 20
Lugares de venta: próximamente

Amores tontos reúne trece insólitas historias de romance, entrelazadas, donde encontraremos a un joven que sube a un micro y se enamora de una chica que vende «pays» de manzana; a una secretaria de un instituto que se ve a escondidas con un alumno, o a un congresista —de once años— que se enamora de una «barbie» mientras planea una revolución. Estos son solo algunos de los protagonistas de este libro, quienes viven inusitadas historias de amor donde convivirán con la pasión, la ilusión y el deseo, pero también con pérdidas, decepciones y engaños.

Jorge Ureta Sandoval publicó Amores tontos por primera vez en el 2013 y, desde entonces, su obra ha sumado cuatro ediciones gracias a su arriesgada propuesta literaria, ya que, a pesar de escribir narrativa, emplea múltiples recursos poéticos para desarrollar conmovedores romances cuyos conflictos y, sobretodo, sus desenlaces, hacen que nos preguntemos: «los que amamos, ¿somos tontos?»

domingo, 29 de octubre de 2017

Reseña de "Bioficciones", por Carlos Enrique Saldivar


Román Abram, Benjamín. Bioficciones. Lima: Torre de Papel Ediciones, 2016. 139 pp.

Benjamín Román Abram (Lima, 1970), abogado de profesión, editor y crítico literario, es hoy un experimentado escritor, que trabaja la poesía y la narrativa de manera efectiva. Sus publicaciones en varias plataformas de prestigio, nacionales e internacionales, respaldan tal afirmación. Sus ficciones tienen gran calidad y se aprecian bastante en este medio literario peruano, donde la calidad hoy se asienta en diversas áreas creativas, sobre todo en las letras fantásticas, en especial en ese discurso tan difícil que es el relato corto, y si hablamos de fantasía, no solo hemos de mencionar el contexto general, sino los diversos subgéneros: el terror, la ciencia ficción, lo fantástico, lo insólito, lo maravilloso, etc. El autor ha incluido ficciones, como dije, en medios de renombre: el fanzine Agujero Negro (Perú); las revistas miNatura (Cuba-España), Parafantástica (España), Umbral (Perú), etc., así como en las compilaciones: Se vende marcianos: muestra de relatos de ciencia ficción peruana (Perú) y Erídano. Suplemento N° 26: Ciencia Ficción Peruana 2 (España), entre otras. Algunas de sus narraciones han visto luz en este, su segundo libro, titulado Bioficciones, el primero que nos brinda en formato impreso; un volumen de cuentos y microrrelatos (textos brevísimos de pocas palabras), donde el autor explora a diversos personajes relevantes para el mundo, de la realidad o inventados; sujetos históricos cuyas vidas nos interesan y sobre las cuales queremos saber, a fin de nutrirnos culturalmente y desplegar nuestro magín lector gracias a estas versiones que se nos entregan. Tenemos aquí a un variopinto grupo, desde H. P. Lovecraft hasta Margaret Thatcher; desde Sherlock Holmes, el genial detective de las historias de Arthur Conan Doyle hasta Tony Stark, el Iron Man de los cómics y películas. Es increíble cómo cada una de estas notables personalidades brilla con luz propia, ya sea en un texto de pocas líneas, como en uno que pasa las veinte. El lector ha de conectar con cada uno de estos personajes, porque muchos de ellos, sino todos, ya conforman el imaginario del receptor que degusta la obra. La reconstrucción del sujeto ficcional es inminente. Hay un reconocimiento inmediato de los personajes históricos o ficcionales, a continuación los receptores los reconstruyen: en primera instancia, como desea el autor, después lo hacen a su modo, y llegan al fin del texto con delectación. El goce no termina ahí, algunos cuentos pueden ser continuados en las mentes lectoras. Me sorprende de modo grato la salida de este cuaderno que rebosa de ideas, me fascina mucho el aspecto lúdico del presente libro, la forma en que el autor juega con la historiografía, trata a los protagonistas, modifica según sus apetencias las vivencias y aventuras de cada uno de estos seres, humanos y fabulosos, y crea mundos alternos. Es una de las claves de la buena ficción: componer universos sólidos y disfrutables para todo aquel que desee sumergirse en el ingenio y creatividad del escritor. Bioficciones es, en mi opinión, uno de los libros de cuentos más importantes de los últimos años, no solo de las corrientes imaginativas, sino en general. Estoy convencido de que hoy este autor es uno de los más representativos e interesantes de la literatura fantástica en Perú.

—Carlos Enrique Saldivar

*El presente texto fue leído en la 21° Feria Internacional del Libro (Lima), el 31 de julio de 2016, con motivo de la presentación del volumen «Bioficciones», de Benjamín Román Abram.

viernes, 8 de septiembre de 2017

El planeta olvidado I. La liberación


Autor: Carlos Echevarría
Género: Ciencia ficción
Edición en papel
País: Perú
Año: 2017
Páginas: 320
ISBN: 978-612-47058-7-8
Precio S/ 30
Lugares de venta: Próximamente
Edición en digital
Plataforma: Amazon
Precio: US$ 2.99
Comprar: kindle edition
Cronología de la historia
El planeta olvidado es una saga de ciencia ficción que estará conformada por cuatro libros, una precuela y otras historias complementarias. Hasta el momento se han publicado La galaxia escarlata, El planeta olvidado I. La liberación y El planeta olvidado II. La resistencia.

La historia de la saga gira en torno a la incorporación de la Tierra a una alianza planetaria en el 2010, para lo cual se seleccionan a doce humanos, quienes serán los representantes del planeta. La Tierra se verá involucrada en una guerra en la que se enfrentan dicha alianza planetaria contra el imperio de un poderoso extraterrestre.

I. La liberación

En pleno siglo XXI, la Tierra vive ajena de lo que sucede en el universo; sin embargo, una federación de planetas decide que es el momento de informarnos lo que ocurre en el universo e incorporarnos a su organización. Para esto, seleccionan a doce humanos, quienes serán los representantes de la Tierra. Ellos son de diferentes edades, razas, países y creencias; vivirán en una Base construida en medio del océano Pacífico y serán entrenados en lucha, piloteo de naves y manejo de armas para participar en una guerra que enfrenta a la Federación contra el Imperio Toriano.

Conforme avanza la historia, los seleccionados viajarán a través del universo, conocerán seres extraños y lejanos planetas, lucharán en varias batallas y tendrán que guiar al mundo, ya que, desde su incorporación a la Federación, comenzará una nueva época para nuestra civilización.

Versión digital

La versión digital estárá disponible en todas las plataformas de Amazon a un precio de US$ 2,99: amazon.com, amazon.esAmazon.mx.

martes, 29 de agosto de 2017

Tenebra o la reunión “familiar” del horror (Por Gonzalo Del Rosario)


Presentada en la última FIL esta muestra de cuentos peruanos de terror, Tenebra (Torre de papel, 2017) confirma cuán ligados a lo fantástico seguimos varios narradores de esta generación cuya obra no busca asemejarse al preciosismo mainstream que pretenden y ostentan ciertos referentes ya aburguesados, sino que más bien, preferimos el gore, la serie B, el humor negrazo, el satanismo, la pornografía y/o el incesto para abordar y generar un poco de miedo (pálida), así sea solo en forma de angustia o asco.

Por eso es interesante la selección de Carlos Saldívar. Principalmente porque ha reunido, o así parece, a una gran parte de escritores nacidos entre los setentas y ochentas (y noventas) que desde sus exilios han ido desarrollando el tema fantástico, el terror o la ciencia ficción y que, gracias a este libro, sino se manyaban antes, al menos ya sabrán de sus (miserables) existencias.

Si levantamos la crítica por el efecto de miedo que me causara alguno de los cuentos, “Reencuentro” de Julio Cevasco no solo me generó asco natural por la idea del coito incestuoso milf (complejo de Edipo a forro), sino que por momentos proyectaba la aparición a mis espaldas de una entidad demoniaca debido a ciertos párrafos que se leían como invocaciones... No estoy jodiendo, ni cagando releo esta mierda.

Luego, debido a mi actual investigación sobre el doppelgänger en la narrativa fantástica peruana contemporánea hay otros tres cuentos que me interesaron sobremanera, además de su propuesta que aplaudo por lo bizarra: “Ojo por ojo” de Jeremy Torres-Montero, “Oxiuros” de Jorge Casilla y “Disección” de Yelinna Pulliti. En el primero, una mujer que es golpeada y ultrajada salvajemente y a diario por el borracho de su marido, cuando este se ha largado, desnuda frente al espejo y contando sus moretones se le aparece un demonio quien, tras tirársela, la incita a vengarse del cobarde... Pura reivindicación. En el segundo, volvemos al tema edipiano, pero en otra variante, esta vez un tipo es diagnosticado con un parásito en sus intestinos, lo macabro es que se encariña tanto con este que lo alimenta como a un hijo, le habla, lo mima y llegado el momento lo alumbra, asumiendo la forma de su creador. ¡Pálida! En el tercero, un tipo que odia que lo toquen está condenado en el infierno a ver cómo unos médicos sádicos diseccionan su cadáver y juegan con sus órganos. Para los amantes del gore. En estos se manifiesta el doble mediante tres vías: reflejo especular, parásitos y post mortem o cuando el alma ve sus restos.

Hablando de parásitos, bacterias, virus o insectos, además de “Oxiuros”, tanto mi relato “Pánico por Chiclayo” como “Bichos” de Glauconar Yue abordan este tipo alimañas que conviven o infectan a los humanos. En el caso de “Bichos”, está narrada como novela policial, en el mío elegí una especie de crónica roja; por ello es interesante también la variedad en los estilos narrativos que presenta este volumen.

En ese sentido, el relato más extravagante, bizarro, alucinógeno, pero en especial kitch, pulp, serie B, plus proyectada maldita en ácidos sobre la huaca, debe ser “El circo de los horrores” de Carlos Trujillo Ángeles: uno no sabe si reírse o mandar a la mierda todo el libro. Con Nosferatu como manhost de este circo infernal (e ideal) y payasos demoníacos que bailaban Harlem Shake, zombis acróbatas o contorsionistas poseídos (WTF!) cual antesala para el número final donde Freddy Krueger acuchilla, Jason descuartiza, Chuky apuñala, Hannibal Lecter traga, Darth Vader mutila y Sweeney Todd degolla a su animoso público (WTF2) previo a la inserción del narrador, quien enfundándose la máscara del Guasón acribilló a los desesperados asistentes con su AK-47 (WTF3), este relato es preciso para leer en alta.

Otra narración interesante es “La criatura de los humedales” de Liliana Flores Vega, en especial porque me recordó a aquellas películas de domingo por la noche en Global, donde el terror y el erotismo eran lo mismo. Así también el humor: una pareja amante de los ovnis y el chamanismo sale en su auto por la Panamericana norte y tras haber tirado en cada pueblo, esperan el arribo de un pata acampando en los humedales para volver a tirar bajo la luna nueva. Cuando llega su amigo se van a un bungalow y en la noche sigue la revolcada. Como ella piensa que son espiados por su amigo, le ofrecen un espectáculo digno, sin saber que en realidad era una… ¡criatura de los humedales! Bien mañosona, eso sí, porque dejó su lechada verde-amarillenta en la ventana.

Considero que esta debe ser la razón de peso para que Saldívar haya abierto la muestra con este cuento: coito heterosexual y abiertamente homosexual o bisexual (grupal, trío, poliamoroso y libre de prejuicios) más descripción de felación y poses, además de parafilias como exhibicionismo y voyerismo, son la base de esta historia. Más allá del elemento lovecraftiano en la aparición del monstruo y el uso de amuletos y salmodias para combatirlo, resalta su erotismo.

Este horror erótico, presente también en “Reencuentro”, “Ojo por ojo” y en el monólogo esquizofrénico y sadomaso de “Te espero” de Tadeo Palacios, ostenta un antecedente reciente en el segundo número de la revista Nictofilia (Cthulhu, 2017), cuya editora Marcia Morales Montesinos también forma parte de Tenebra con “La chica de la encrucijada”, brevísima ficción de una página que retoma el mito de la dama de blanco de las carreteras y lo asocia a nuestra vergonzosa realidad: la alta cantidad de violaciones y feminicidios impunes en Perú, cuyo taxista que no se detuvo a ayudar a la joven pelirroja puede simbolizar la cotidianeidad e indolencia con la que a diario se abordan estos temas. Similar nivel de denuncia aparece en “El nacimiento de la maldad” de Sarko Medina, en el cual un perro se transforma en monstruo para vengarse de los humanos por el maltrato sufrido a lo largo de su existencia.

Por otro lado, así como en “Reencuentro”, la familia es el eje del par de cuentos con mayores dosis de suspenso y angustia: “Amor filial” de Jim Rodríguez, donde un insistente niño descuartiza noche a noche a diversas víctimas para reconstruir el cuerpo de su madre (absolutely gore); y el drama de “Solo quiero un pedazo de carne” de Lenin Solano, en el cual un hombre mantiene a su esposa-zombie amarrada a la cama (¿alguien dijo horror erótico?) hasta que se libera e intenta comerse a su hija. Desoladora inmersión en el apocalipsis zombie, uno de mis temas favoritos.

En la misma sintonía solo que con tintes psicopatológicos, “La bruja de Benfirld” de Edison Mucha Soto narra las desventuras de un cura demente acusado de comerse a los niños de su pueblo. El tipo está encerrado en un manicomio y no para de repetir el nombre de la bruja a quien acusa de aquellos crímenes. No podían faltar los motivos de la brujería y la locura que redondean la muestra.

Para cerrar con un ensangrentado broche de oro penetrando tu piel, toca referirme a dos autores peruanos que van para íconos de nuestra narrativa de horror actual: Carlos Carillo, aka El viceministro sádico, aka El pitufo sodomita, aka ¡qué tal conchasumadre! Maldito autor del legendario, vetado e inhallable, Para tenerlos bajo llave (1995); y Carlos Saldívar, infatigable e inefable promotor de lo fantástico, el terror y la ciencia ficción en el Perú, y quien probablemente sea el único escritor peruano en haber sido publicado de manera constante en cuanta antología, revista o fanzine aparezca sobre el tema, aquí, allá y en el más allá.

En “La de la idiota sonrisa” de Carlos Carillo reaparece el motivo de la familia en la persona de una madre temerosa de la perdición de su hija debido a sus andanzas con una chica albina de “sonrisa maliciosa”. Lo alucinógeno empieza cuando la señora encuentra en el cuarto de la adolescente las estatuillas que adoraban en los rituales paganos realizados por ambas universitarias, y cuyas sesiones le serán reveladas a la madre mediante sus pesadillas frente a la televisión, antes de constatar que todas estas posiblemente fueron realidad.

Asimismo, la propuesta de “Simbología aberrante” de Carlos Saldívar muestra a un detective obsesionado con un oscuro horóscopo aparecido en un fanzine, el cual revela cómo sus seguidores, signo tras signo, han cometido al pie de la letra cada asesinato predicho allí. El final cómo no podría ser de otra forma, también incluye a la familia. Sin embargo, me quedo con una frase de este cuento que podría resumir la idea en conjunto de Tenebra, y no por nada fue escrita por su mismo editor: “¿Cuántas publicaciones que debieran ser prohibidas circulan en este corrupto país?” (pág. 146).

Aunque sea muy estimulante leer una obra tildada de prohibida, pese al exceso de gore y horror erótico dudo que este sea el caso de Tenebra, libro que se suma a las necesarias compilaciones peruanas sobre terror aparecidas en el último decenio, pero cuya particularidad reside en ser la demostración palpable de que lo fantástico sigue cosechando fieles cultores en las generaciones más próximas, sean de Lima y sobre todo de provincias, de quienes se esperan obras cada vez más aberrantes para beneplácito de aquellos que disfrutamos leyendo este tipo de atrocidades.