jueves, 23 de junio de 2016

Un cuento mensual: La caja de colores (por Scribble)



Se encontraba  muy agitado, había corrido cinco cuadras sin parar, sorteando a cuanto transeúnte se cruzaba en su camino, escabulléndose entre la multitud, con tal de no ser atrapado. En ningún momento volteó a ver atrás, sabía que no podía perder el tiempo. Sus mejillas estaban rosadas, su camiseta empapada de sudor y respiraba agitadamente. Cuando llegó a un callejón, por fin pudo detenerse, había logrado su primer robo. “Nadie sabía que lo hacía por necesidad ya que las circunstancias lo habían obligado a ello”. Para poder ver el botín, se adentró en el callejón con pasos lentos y titubeantes, escondiéndose entre los grafitis y el olor a humo de cigarrillo que había quedado impregnado en aquel lugar. Se dirigió hacia unos inmensos tachos de basura y se ocultó en cuclillas detrás de estos. Con las manos y las piernas temblorosas jaló lentamente el cierre de la cartera, podría encontrar algo que se pudiera vender a buen precio. Dentro de este encontró un pintalabios, rímel, una libreta con el nombre de varias personas, un celular y una caja de colores, algo muy peculiar para haber pertenecido a aquella chica que se veía frágil en el paradero.
Lo más valioso sin duda era un iPhone, ya que era el juguete de moda, así que procedió a descubrir cómo funcionaba el aparato que para su suerte, estaba desbloqueado. Empezó a examinar la cámara y en la pantalla pudo ver el reflejo de su rostro, capturando cada detalle, desde aquella cicatriz en la ceja, producto de un mal piercing practicado cuando era adolescente, hasta los tres pequeños lunares en línea que tenía debajo de su ojo izquierdo. Sonrió para poder ver sus dientes, donde resaltaba aquella pieza plateada. ¡Bingo! —dijo—. Este era un gran botín, valió la pena tanto susto. Puso todo dentro de su mochila y siguió con sus labores.
Aquel día fue una tarde muy agitada, también pudo conseguir otras cosas, pero ninguna de tanto valor como el celular que le había robado a aquella chica en la mañana. 
Entrada la noche, abrió la ventana de su cuarto para que ventile toda su habitación, prendió la radio y se puso a escuchar música clásica. Empezó a explorar el celular, tocándolo cuidadosamente y apreciando cada detalle. Como era un melómano prosiguió con la lista de reproducción. Dicen que la música que uno escucha es capaz de desnudar el alma de cualquier persona, así que con ello podría conocer a su víctima. En ella había música muy variada desde grupos como Coldplay, electrónica hasta una carpeta inusual que decía dark violin, eso lo dejó intrigado y, con el ceño algo fruncido, era la primera vez que escuchaba algo parecido. Sacó el montículo de revistas y libros que tenía encima de un viejo equipo, encendió la señal del bluetooth y siguió revisando el celular echado en su cama. La música no estaba mal, empezaron a sonar las canciones de Coldplay y luego… procedió a revisar la galería de imágenes, había varias fotos de ella con chicas, casi con seguridad sus amigas. Nada raro hasta el momento. 
Luego de unos minutos, él ya había deducido no solo sus nombres, sino también sus actitudes, Claudia e Isabel eran las locas del grupo, cada cual a su estilo, Francesca era de carácter temperamental y la dueña era la chica relax, el punto de equilibrio sin la cual todas se llegarían a matar. Hasta ahí todo lo que parecía normal dejó de serlo; encontró varias fotografías de gente tatuada que le llamaron la atención, estas no pertenecían a ninguna de las amigas, pudo corroborar ello al revisar varias fotos de la última visita que habían hecho recientemente a Pisco y efectivamente ninguna tenía tatuajes. El rostro del joven muchacho lucía intrigado, frotándose el cabello como tratando de encontrar una explicación, algo no cuadraba, pensaba mientras la música ya no reproducía Coldplay ni los últimos hits de la electrónica, se encontraba en “dark violin”. El clima se ponía tenebroso, ya había oscurecido, aun así las calles lucían iluminadas por la luna llena. De lo que se encontraba plácidamente echado sobre un peluche, pasó a sentarse sobre su cama con la cabeza bien agachada y mostrando una ligera joroba. Revisó las demás aplicaciones y se detuvo en una que tenía un título particular: “Mis sueños”, se cogió el mentón con la mano derecha y con el dedo índice de la mano izquierda muy lentamente presionó ese ícono. De repente la pantalla se puso de base negro con letras blancas y con un tipo de letra gótico, lo cual hacía que esto sea más extraño aún. De fondo sonaban los acordes del violín que cada vez tenían unas notas más graves y engendraba un entorno como de película de terror. Al parecer esta aplicación era una especie de bloc de notas, en ella se leía lo siguiente:

“Valentina H.
Era una chica muy apacible y tranquila, pero a una fiesta a la que asistí hacía dos meses cometió el descaro de ir con el mismo vestido que yo. Y para colmo de males, cuando estábamos en el baño de mujeres, la muy zorra se atrevió a decirme que era una copiona sin estilo. Hasta ahí le podía perdonar sus tonterías porque mis accesorios eran mejores que los suyos, y en la fiesta la presencia de esta puta había pasado inadvertida. Todo bien hasta ahí, pero lo que nunca le perdoné fue que se atreviera a bailarle así, como toda una forajida, al chico con el que yo estaba saliendo. Eso fue el punto final. Así que procedí a utilizar uno de mis colores favoritos, el rojo :D”.

Luego de leer esta historia, el joven había quedado perturbado. Si en un primer momento se sentía mal por haber cometido su primer delito, ahora estaba confundido porque al parecer no era el celular de una persona ordinaria.
Con su dedo deslizó sigilosamente la pantalla para ver la siguiente historia, la primera ya lo había dejado temeroso, pero quería descubrir que más era lo que había. Empezó a leer:

“Clarissa J.
Nunca te perdonaré que me hayas hecho esto, yo que siempre quise ser la jefa de la otra área y tú lo sabías, pero ¡no!, tuviste que poner a la otra chica, solo porque ella era la hija del dueño de la empresa. Podré entenderte, era una decisión complicada, pero me enojó tu falta de huevos por no haberme dado tu voto de confianza, así que para ti va el azul”.

El joven ya se encontraba muy consternado, sin duda la dueña del celular había hecho algo malo con aquellas personas. Introdujo el nombre de Valentina y Clarissa en la cuenta de Facebook y no existía ninguna de las cuentas, eso le pareció raro, porque por la familiaridad con la que escribía sin duda las conocía. Bajó de la cama y se dirigió hacia su baúl, dándose tropezones con todos los objetos que se encontraban tirados en el suelo: zapatos, revistas, cajas de cartón. Una vez que llegó se puso a buscar desesperadamente la cartera que se encontraba al fondo de este y esta vez se puso a revisar cuidadosamente lo que había dentro de esta. Vio la libreta y ahí estaban los nombres completos de Valentina y Clarissa. Volvió a ingresarlos al buscador del Facebook, pero nada. Luis estaba sudando frío, al parecer había sido su primera vez y tal vez podría ser la última. Esta vez decidió buscar en LinkedIn, tampoco existían las cuentas de estas personas. Volvió a ver la libreta y notó un detalle, ambos nombres se encontraban tachados uno con un color rojo y el otro con azul, tal y como finalizaba la descripción de cada chica.
Luis recordó haber visto una caja de colores en la cartera. Sin duda estos eran de los colores restantes. Notando que a la caja le faltaban cinco colores, intuyó que le faltaba leer tres historias más. Tomó nuevamente el celular y esta vez, tragando algo de saliva, deslizó su dedo y pudo notar que efectivamente había tres historias adicionales y estas finalizaban con los tonos que faltaban en la caja.
En la libreta revisó nuevamente y en la parte final del directorio telefónico pudo advertir que allí se encontraban los números telefónicos de estas personas, los celulares y números fijos. Procedió a llamar solo a dos números.
—¡Aló! , ¿se encuentra Clarissa?
—Lo sentimos, ella no se encuentra acá. Ahora está en un lugar donde no hay sufrimientos. 
—Okey, lo siento— y colgó repentinamente.
432-5685
—Buenas noches, ¿se encuentra Valentina?
En el otro lado se escuchó una voz inocente de una niña diciendo “tía Valentina está en el cielo”, de repente se escuchó como si alguien le quitara el teléfono súbitamente a la niña y le dijo “supérenlo, ya no está con nosotros”.
Luis, no sabiendo qué hacer, sudando frío y con las manos temblorosas, decidió revisar nuevamente la galería de imágenes del celular y volvió a ver con mayor detenimiento las fotos. Cada uno de los tatuajes tenía, rayones que se habían hecho con colores y para que estén impregnados en la piel se habían hecho con determinada fuerza. Pudo notar que en una de las fotos que tenía un tatuaje en forma de girasol por la cintura estaba pintado de color rojo; mientras que en otra foto que tenía unos tatuajes en forma de alas en la espalda, estas estaban delicadamente decoradas con color azul.
Todos estos detalles le llamaron mucho la atención y sin duda era una buena historia, por lo que debía de que estar en la Internet. Escribió rápidamente en Google “color rojo + tatuaje + Valentina” y efectivamente salieron varias noticias de un crimen que se había cometido tres meses atrás. “Muere chica apuñalada con colores, se sospecha de una joven artista” rezaba el titular. Luis ahora sí lo tenía todo claro y con pruebas. Patty era la artista que los policías se encontraban buscando en los últimos meses. Sin embargo, él sabía que la única forma que existía para capturarla era denunciar aquel delito, lo que implicaría que pierda su libertad, cosa que no estaba dispuesto a hacer porque le urgía juntar una suma fuerte de dinero. Así que simplemente cogió su bicicleta, pedaleó sin detenerse en ninguna luz roja y una vez que se encontró en el puente a la ribera del río, echó la cartera con todas aquellas cosas. Ambos aún están libres.

***
Scribble (1987) Siempre he pensado que no he tenido una vida para nada común, y quién no es así???. Es que a partir de los 13 años algo me cambió la forma de pensar en varias cosas y también influyó en mi personalidad. Desde mis enamoramientos de adolescente hasta las cosas en el trabajo no han sido nada comunes. Aún recuerdo por ejemplo aquella época de la universidad en la cual bajaba a cuanto concierto de rock había y dormía en cada casa ajena, claro, y es que esa era la única forma segura de regresar a casa al día siguiente, y también recuerdo las cosas que he hecho cuando he estado templado. Ahora, con lápiz en mano, puedo cambiar el destino de aquellas historias. 

Dicen que los ojos ven lo que quieren ver, de la misma manera, escribiré sobre lo que quiera escribir, y ahí radica el poder de saber usar la pluma.

Para leer más cuentos del autor, revisar su blog:




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