martes, 29 de marzo de 2016

Un cuento mensual: El que suscribe, un servidor y yo (Patricio G. Bazán)




Cuatro y cuarto de la tarde, a un largo minuto para que él llegue. Como cada año en esta fecha, me siento en este mismo sofá, tan apolillado como yo, con una humeante taza de capuchino en la mano. La importancia de los pequeños detalles es crucial.
—Hora: ¡todos preparados! —anuncio. «Aunque al inicio solo yo estaré visible y poco a poco se sumará el resto». —El Viajero debe vernos gradualmente. No exponerlo a ningún trauma, ni emoción fuerte. Recuerden la anomalía en su válvula mitral, no quiero producirle un ataque cardiaco ni bien llegue.
Trece me hace gestos desde la cocina, señalando mi nariz. Tiene razón, el bigote postizo se estaba despegando. «Buen chico: un profesional atento a los detalles». Todos lo somos.
Un resplandor de luz y el Viajero se materializa sobre la alfombra del comedor, frente al sofá. Me levanto, nos miramos brevemente y le extiendo una mano. «Ya conocemos la secuencia: tos, escalofríos, desorientación temporal. Todos pasamos por lo mismo, sabemos asistirlo y reconfortarlo. Salvo yo, el más viejo de todos, no había quien me ayudara», recordé amargamente.
Es el momento, se suman Dos, Siete y Cuatro. Se acercan al hombre, ataviados con convincentes batas de laboratorio.
—Bienvenido, Morales. —Se adelanta a felicitarlo Dos, el mayor después de mí. Jamás pude quitarnos esa costumbre tonta de ponerle una manta sobre los hombros, como en las películas. No tiene frío, sino desorientación temporal, pero tal vez fuera un símbolo de protección psicológica. En todo caso, ¿quién tranquilizaba a quién?
—Entonces… ¡El experimento ha sido un éxito! Realmente he retrocedo en el tiempo... ¡El aparato funcionó! Con esto nos salvaremos del terrible futuro que predicen los científicos.
 Aquí es donde vuelvo a intervenir, la figura paternal que todos necesitamos.
—Beba esto. Lo va a reconfortar. Siéntese aquí, por favor… —aunque se trata de un proceso repetido hasta el aburrimiento, aún logra conmoverme. Esa mirada asustada, ese rostro joven y terso… ¡Qué idealistas fuimos, y qué ingenuos!
Pero el Viajero me habla, mientras yo me extravío en inútiles evocaciones del Futuro que conocí. Deben ser los años. Cuatro nota mi ausencia emocional y se adelanta:
—Como todos formamos parte de un proyecto ultra secreto, le presentaré nuestros nombres claves: yo soy Cuatro.
—Encantado.
—Él es Dos.
—Mucho gusto.                                                
—Siete.
—Un placer…
—Están a cargo de esta Estación, ¿verdad? —preguntó ansioso el Viajero, a quien pronto llamaremos Veintitrés.
—En efecto, cadete Morales. Esta es la Estación Pasado. —Sonrisa amplia y profesional. Debemos mantenerlo sereno. «Anteriormente hubo otros con ese número, pero ya no están con nosotros».
—¡Magnífico, el viaje es posible! Debo regresar pronto a mi época y dar la buena noticia, pero en los dieciocho minutos que me quedan quiero salir.
El examen médico básico revela que el nuevo Morales está en buenas condiciones físicas y mentales, el sedante aún no le nubla la razón, así que es mejor desvelar el misterio. Una mano en su hombro y una máscara compungida en nuestros rostros. Número Dos suelta un suspiro involuntario.
—Ocurrió algún tipo de error en los cálculos, Morales, o tal vez algo se averió Allá. No lo sabemos con certeza, pero la verdad es que aquí no tenemos ninguna máquina para regresarlo. Ni a usted, ni a nosotros. Lo siento mucho…
Recibió la noticia mejor que los anteriores, tal vez porque aumenté en secreto la dosis del sedante. Continué:
—Lo único seguro es que en cada aniversario del Experimento aparece una nueva copia del cadete Morales. Como si el envío mismo se repitiera una y otra vez.
—¡Absurdo! Si dice que hay copias esta estación debería estar llena de mis clones. ¿Dónde están?
¡Muy perspicaz! Esta copia lo dedujo casi al instante.
—Aquí estamos los Morales. Durante los primeros años intenté buscarme para impedirme el viaje, pero fue imposible. Hasta probamos cambiar el curso de la Historia, sin éxito. Algunos quisieron ver a sus familias, pero si estas aún vivían algo de último momento evitaba el encuentro o que reconocieran a Morales.
—Debe haber en el Tiempo algún mecanismo anti-paradojas. —dijo Veintitrés.
—¿Quién era presidente en tu época?
—A... Alfonsín… ¿qué tiene que ver?
—En la nuestra era Lúder. Nosotros saboteamos su campaña presidencial. —Miré a Dos: su idea del féretro quemado resultó tan efectiva como inútil. Hemos intentado interferir en la historia de nuestro país tantas veces…Y pese a todo, el Tiempo proseguía su marcha, tan indiferente respecto a nuestras acciones como un gato persa saciado frente a más alimento.
—¿Una especie de universo paralelo?...
Y luego perdió el sentido ante el estrés y el sedante. Ocasión tendríamos de contarle que los clones faltantes fueron voluntarios que nunca regresaron; muertos víctimas de nuestros innumerables intentos por escapar de este tiempo, al parecer definitivo. Otros, simplemente decidieron dejar el laboratorio y procurar hacer su vida en un mundo decadente. De vez en cuando nos traían aburridas provisiones y noticias desalentadoras de afuera.
Trece apareció con la torta de chocolate. Cada año la cocinábamos mejor. Conmemorábamos el aniversario del incidente y celebrábamos nuestro nacimiento. En su momento me pareció una casualidad maravillosa que eligieran justo ese día para enviarnos; pero ahora detesto con toda mi alma recibir como regalo de cumpleaños una copia de mí mismo.

Para Veintitrés tal vez lo más duro será cuando nos desenmascaremos. Narices, cejas, falsas calvas y pelucas, todas irán al suelo y al verme sabrá que ya hemos rebasado su época por cincuenta años. 

***


Patricio Bazán (Buenos Aires, Argentina, 1965). Escritor e ilustrador, tiene varias obras de ficción aún inéditas entre las que se incluyen su colección de cuentos Panoplia, su novela El tapado y el león y varias obras de teatro. Participa activamente en los blogs de ficciones breves del colectivo Heliconia: Minimalismos, Medio siglo, Los cuentos del can Cerbero y Bificciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario